Tras la difusión del conflicto que mantiene Tini Stoessell con su padre, los especialistas explican qué significado tiene ese vínculo en el desarrollo personal
a sensación de vulnerabilidad fue total. Cuando Emanuel D., de 58 años descubrió, hace tres años, que su padre había mantenido un circuito paralelo de propiedades no declaradas para evitar que un divorcio lo dejara con la mitad de todo, y que había sostenido esa mentira incluso sin blanquearles los bienes a sus propios hijos tras la muerte de la madre, se sintió estafado dos veces. “Más allá de lo económico, que es una realidad, que hubiéramos heredado parte de esos bienes cuando falleció mi mamá, lo que más nos dolió fue que alguien que te cría, te enseña, te cuida supuestamente, pueda traicionarte así. Es el peor dolor. Como se dice que no es la ley natural que un padre entierre a un hijo, lo mismo, no es la ley natural que un padre te pueda estafar”, dice.
Historias como esta empezaron a circular por estos días en redes sociales, y son en su mayoría relatos de personas que reviven el dolor de haber descubierto que sus padres, en lugar de cuidarlos o velar por sus intereses habían cometido la peor de las traiciones. Los relatos surgen a raíz de la difusión de la aparente situación que atraviesa la cantante y actriz Tini Stoessell, que sostiene un conflicto legal con su padre Alejandro Stoessel por el manejo de su patrimonio, tras los resultados de una auditoría recientes que indicó que desde que comenzó su carrera artística, se habrían desviado fondos por más de US$70.000.000.
“¿Qué nos pasa cuando aquel que se supone que ampara, que protege, que de alguna manera está en un lugar idealizado, como los padres, nos estafa? Primero, el impacto tiene que ver con que aparece algo sumamente ajeno en alguien profundamente familiar. Freud llama a esto “lo siniestro”. Él dice, lo siniestro es cuando, en el lugar de lo familiar, aparece lo extraño. Y realmente tiene algo de siniestro. El impacto suele ser muy doloroso”, explica Miriam Bercovich, psiquiatra y psicoanalista, docente del posgrado de la Institución Fernando Ulloa y del posgrado de Psicoanálisis del Hospital Ameghino.
“El sujeto de repente se siente desorientado y tiene que empezar a hacer un duelo por el padre que suponía que tenía y que perdió, por el acto del descuido, de la estafa, del abandono”, amplía Bercovich.
Crecer, entre otras cosas, significa desidealizar a los padres, detalla Bercovich. “Lograr entender que los padres son sujetos, no son esos superhéroes omnipotentes en los cuales necesita creer un niño. Son sujetos con miedos, con sexualidad, con ambivalencias. No saben todo, no pueden todo. Sostener esa ilusión infantiliza al sujeto. Es una ilusión que se va perdiendo a lo largo del tiempo. De todas formas, una cosa es desidealizar a los padres, y otra cosa es la estafa”, apunta.
La estafa transgrede ley y la ética, dice. “Justamente, la ley protege los lazos intrafamiliares, y a la sociedad, le pone un límite a la agresividad y a ese avanzar sobre el prójimo o sobre el otro en todos los términos. Limita cuánto un padre puede avanzar económicamente, avanzar respecto de su cuerpo. En este caso estamos ante una situación en la que se transgrede la ley penal y la ética, los códigos éticos de lo que lo que significa la condición de ser padre. Situaciones como esta son motivo de consulta muchas veces, porque es muy difícil elaborar la idea de que ese sujeto que te ama, que se supone que te cuida, te genera un daño de este tipo”, dice.
A raíz del conflicto de los Stoessell, volvieron a la conversación pública otros casos de famosos que habían empezado su carrera siendo muy chicos donde los padres o madres se convirtieron en representantes y acabaron quedándose con parte de la fortuna de sus hijos.
Tanto en el ámbito local como en el exterior, son varias las figuras que atravesaron conflictos o momentos delicados vinculados con el manejo de su patrimonio. La modelo Nicole Neumann comenzó a trabajar siendo una niña y, con el tiempo, contó públicamente las diferencias que mantuvo con su madre en relación a la administración del dinero que ganó de muy joven.
El tenista Juan Martín Del Potro, en tanto, tuvo conocimiento tras la muerte de su padre de decisiones económicas e inversiones que hasta ese momento desconocía. En el exterior, la cantante Britney Spears estuvo durante más de una década bajo una tutela judicial que otorgó a su padre facultades sobre sus asuntos personales y financieros, y el actor Macaulay Culkin también tuvo una conflictiva relación con sus progenitores durante el auge de su carrera infantil. Hasta el cantante melódico Luis Miguel denunció haber sido estafado por su padre.
“Creo que hay que ser muy perverso para estafar a una hija”, dice el abogado Leonardo Leo Glikin, especialista en planificación patrimonial. “En casos como el de Tini hay algo que me parece importante recordar. Mientras el hijo es menor, los padres no son dueños de lo que genera: administran un patrimonio ajeno y el Código Civil y Comercial les impone límites bastante precisos”, dice. Y detalla que la administración corresponde en principio a ambos progenitores. “Para disponer de bienes del hijo se requiere autorización judicial; los padres tienen prohibidos determinados negocios con sus hijos y las rentas no deben confundirse con el patrimonio de los padres”, aporta.
“Si existe conflicto de intereses, puede designarse judicialmente un tutor especial. Y si la administración resulta ruinosa o se demuestra ineptitud, el juez puede quitarles a los padres la administración. Incluso un menor con edad y madurez suficiente puede accionar judicialmente contra sus propios padres con asistencia letrada”, dice Glikin.
Separar las tres funciones
¿Qué recaudos se pueden tomar para evitar este tipo de situaciones? “Para un chico que empieza muy joven una carrera artística o deportiva y comienza a generar mucho dinero, una buena prevención sería separar desde el comienzo tres roles: padre, representante artístico y administrador patrimonial, con cuentas bancarias identificadas, rendición periódica y control profesional independiente”, detalla el abogado.
“Concretamente, al cumplir la mayoría de edad es bueno que tenga lugar una rendición de cuentas, y que el hijo o la hija pase a tener el pleno manejo de su patrimonio. Si confía en los padres, podría otorgar un poder, pero nunca hay que olvidar que cuentas claras conservan la amistad”, agrega.
“No quiero naturalizarlo, quisiera que quede claro que aquí, más allá del daño económico hay un daño moral posiblemente irreparable, y que no hay suma de dinero que justifique actuar así respecto de una hija. Creo que en un caso así la mayor prevención es el repudio moral. Que la sociedad sepa, que esto no es un delito más, sino una verdadera burla a la naturaleza humana”, dispara Glikin.
¿Qué ocurre desde el punto de vista de la confianza cuando quien debería cuidarnos, abusa de su poder? Los especialistas señalan que el impacto en la psiquis es muy grande. Sebastián Verón es psicólogo de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y docente en Institución Fernando Ulloa, Universidad de Palermo (UP), Universidad Abierta Interamericana (UAI) y Fundación Barceló, explica cómo la falta de distancia dentro del vínculo padre-hijo, muchas veces genera una dinámica interna que acaba invisibilizando aquello que para otros puede resultar evidente. Y esto dificulta poder reconocer que uno está en medio de una situación de ese tipo. También explica que, al vulnerarse la confianza y el amor, suele aparece una profunda desconfianza que afecta los vínculos futuros.
“Aparecen situaciones en la que la víctima o la parte que recibe esa estafa no discierne los que está ocurriendo. No es que no se pueda ver, sino que no existe una distancia necesaria respecto a ese otro, como para poder leerlo con cierto criterio de objetividad. Al no existir esa distancia, la persona no logra ubicar al otro en un lugar desde donde se pueda analizar que su posición es fallida con respecto a la protección, a los cuidados. Hay una posición donde se está como un objeto, justamente, de esa situación, de esa escena. Es el claro ejemplo del cuento del tío. No necesariamente ocurre porque alguien desconoce esa falta de garantía, sino, porque ese alguien no puede situarse por fuera de esa posición pasiva o de objeto, como decimos en el psicoanálisis. Es la misma situación que ocurre en parejas que tras la separación, uno de los dos dice, recién cuando pude tomar distancia, pude leer algunas situaciones en las que estaba inmersa, que las podía ubicar, pero que no las podía leer”, explica Verón.
El tipo de vínculo tan cercano, y el manejo del dinero y de la independencia que proponía la relación entre Tini y su padre, que se fue conociendo en los últimos días a partir de entrevistas anteriores, también resulta sintomático de este tipo de situación. (En distintas entrevistas ella contó que aún siendo una artista exitosa, le pedía plata al padre y a la madre para salir con sus amigas o pagar el peaje).
“La sensación de estafa es doble”, explica. “Por un lado, lo económico, que se recuperará o no, los abogados verán, pero hay otra, esa sensación de vulnerabilidad extrema: alguien muy cercano, alguien que me iba a proteger o que significaba mucho para nosotros, en realidad estaba sacando provecho para sí mismo”, dice Verón. Y agrega: “Entramos en una situación de encerrona o de violencia real o simbólica. La sensación de doble estafa, más allá de lo económico, pone en juego la construcción de la confianza. Cuando ese lazo que es tan íntimo se vulnera, lo que aparece, es la desconfianza. No solo sobre ese vínculo. El mundo, los lazos, los vínculos pasan, de alguna manera, a ser puestos en cuestión”, detalla Verón.
Por Evangelina Himitian
Fuente Lanacion

