Arreglamos Todo – Por Ale Ramírez

Arreglamos Todo – Por Ale Ramírez

“Arreglamos todo” decía un cartel muy grande sobre la puerta de un comercio a lado de mi casa paterna, en el barrio de Beccar.
Y abajo, con letra más pequeña, decía: “Hasta lo que el abuelo no puede”.

Y esto siempre me hizo pensar.
Por aquellos años, todo se arreglaba. Pocas cosas que dejaban de funcionar o se rompían, se tiraban.
Al contrario, se buscaba quién podía arreglarlas.
Desde ropa, zapatos, todo tipo de electrodomésticos, muebles y cualquier cosa que se utilizara en una casa.
Y en aquella época, era muy habitual que cuando algo se rompía, propiedad o uso de un niño, nuestros padres nos decían, llévaselo al abuelo, que quizás él pueda arreglarlo.
Y como casi todo estaba hecho con madera o con hierro o chapa, el abuelo lo arreglaba.
Lógicamente, en esta época que estamos viviendo, ya casi nada tiene madera, hierro y chapa.
Y si demasiado plástico, y mucha tecnología.
Y con estos adelantos de la modernidad, los abuelos, perdieron esa magia ancestral de poder arreglar todo.
El otro día volví a escuchar por centésima vez el tema de la banda inglesa Cold Play, titulado “Fix You”.
Tema que desde lo musical me mueve todo, y desde su letra, me alimenta el alma, engordando varios kilos.
El comienzo del tema dice:
“Cuando haces lo mejor que puedes, pero no tienes éxito
Cuando consigues lo que quieres, pero no lo que necesitas
Cuando te sientes muy cansado, pero no puedes dormir
Atrapado en reversa
Y las lágrimas comienzan a correr por tu cara
Cuando pierdes algo que no puedes reemplazar
Cuando amas a alguien, pero todo se arruina
¿Podría ser peor?
Las luces te guiarán a casa
E incendiarán tus huesos
Y yo intentaré sanarte”.
Maravillosa letra, llena de sentido y con un mensaje conmovedor.
Al escuchar este tema musical, vuelve a mi cabeza la frase de aquel comercio “Arreglamos todo”.
Que sencillo sería poder ir a este lugar, cuando tenemos nuestros problemas de niños, de adolescentes, de adultos, de ancianos.
Los problemas de la vida misma.
Cuando el dolor nos perfora el corazón y deja un enorme agujero.
Cuando la enfermedad arrasa con la salud de la persona que más queremos.
Cuando la muerte toca a nuestra puerta, en el peor momento.
(Como si existiera algún momento para que aparezca ella).
Cuando la enemistad, llega a nosotros, de parte de la persona menos indicada.
Cuando el amor, se retira sin aviso, dejando ese vacío que cuesta llenar.
Cuando debemos decir Adiós, y no tenemos la valentía para hacerlo.
Cuando nos dicen Adiós, y no sabemos cómo aceptarlo.
Cuando perdemos algo, que creíamos era nuestro.
Cuando pensamos que estamos inmersos en la obscuridad más obscura.
Cuando no vemos hacia donde ir, al presentársenos millones de caminos para transitar.
Cuando nos sentimos verdaderamente solos.
Y todo aquello que sentimos que se rompe, que deberíamos arreglar, o como se dice ahora, que deberíamos sanar.
Y con el paso de los años, descubrí que hay gente que te ayuda a sanar estas cosas.
Muchas veces sin ellos saberlo, otras, teniendo plena conciencia de que están en este mundo para ayudar a la gente.
Son personas que tienen un gran corazón, que nos les duele dar y recibir amor, personas que saben escuchar, y que cuando se necesita, dicen lo que piensan.
Con palabras que ayudan.
Y cuando esto ocurre, vivimos sensaciones que quedan en nuestra memoria, para siempre.
Aquellos que aprenden a ayudar, descubren que este podría ser el motivo de su existencia en la tierra.
Y esto, te hace sentir muy bien.
Muchos, no se dan cuenta de esta posibilidad innata de poder ayudar a los demás.
Pero cuando lo descubrís, tu corazón se hace más grande, el alma brilla como un rayo de sol en el peor invierno.
Tu mente deja de opinar, y volás por el aire, sintiendo el viento azul en tu cara, sabiendo que es lo mejor que te puede pasar.
A aquellos que la están pasando mal.
Que no encuentran el camino.
Que piensan que no vale la pena.
Déjense ayudar.
Siempre habrá alguien que intentará darle las armas necesarias para poder sanar.
Y no teman.
No se confundan.
Todavía existe en el mundo, gente desinteresada, que hace esto.
Mi madre diría: “Gente buena”.
“Y yo intentaré sanarte”, dice la última frase del estribillo de la canción Fix You.
Hermosa frase.
Aquel comercio del barrio de Beccar no existe más.
Aquel cartel: “Arreglamos todo”, “hasta lo que el abuelo no puede”, tampoco está.
Pero si pudiera, hoy lo llamaría a mi abuelo y le diría: “Abu: podés arreglar esto”.
Seguro, seguro lo intentaría.

Ale Ramirez

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