El mandatario de izquierda y el senador de derecha intercambiaron golpes y chicanas para intentar convencer a los indecisos
BRASILIA.– En un debate que era considerado la última gran oportunidad para mover la aguja de los indecisos en la segunda vuelta más reñida de la historia de Brasil, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva y el senador Flavio Bolsonaro se enfrentaron la noche del viernes con acusaciones cruzadas sobre obras, salarios, seguridad y las políticas de Javier Milei en la TV Globo, en Río de Janeiro, un cara a cara que subió de tono cuando el presidente llamó “miliciano” a su rival.
El debate estuvo marcado por los ataques personales. Flavio llamó a Lula “nueve dedos” y preguntó si quien gobernaba el país era el presidente o Google. Lula lo acusó de haber estado “lamiendo a Trump” durante la imposición de aranceles de Estados Unidos a productos brasileños.
En el arranque, ambos evitaron mencionarse por el nombre. El primer tema sorteado fue infraestructura y exportación, y Flavio abrió con una acusación: “Brasil volvió a ser un gran cementerio de obras”, dijo, en referencia a obras paralizadas en la gestión de Lula. Prometió atravesar el país con ferrocarriles, concesiones de rutas y puertos y peaje cero para motociclistas en las nuevas rutas. Lula replicó que su rival “no conoce Brasil”, una acusación que repetiría en varios tramos, defendió las obras iniciadas en su mandato y lo comparó con un estudiante que “memoriza, pero no aprende”.
Con un formato más ordenado que el de Band, el domingo pasado, los bloques se ajustaban más a las consignas.
Lula puso a Flavio contra las cuerdas al preguntarle por el valor del salario mínimo. El senador, visiblemente nervioso, apostó a la pérdida de poder adquisitivo y al endeudamiento. “Hoy es 23 de octubre y el mes todavía no terminó. ¿Tu sueldo ya se terminó?”, le preguntó al elector.
“La crítica de Flavio a que los salarios no alcanzan para fin de mes es una de las principales críticas dirigidas a Javier Milei, presidente de Argentina y uno de los principales aliados del candidato del PL. El presidente argentino ridiculizó la encuesta que mostraba estos datos, cuestionando cómo la gente podría sobrevivir diez días sin dinero para comer”, apuntó la columnista de O Globo Vera Magalhaes.
Lula afirmó que, con los reajustes de los gobiernos de Jair Bolsonaro y Michel Temer, el mínimo hoy sería de 900 reales. “Eso es lo que quieren para Brasil. Por eso siguen a Milei”, disparó. Flavio contraatacó: la política económica de Lula “da con una mano y saca con nueve dedos”.
El choque por Milei se profundizó en una pregunta sobre la región Sur del país, una zona con proporcionalmente más jubilados. Lula apuntó al ajuste fiscal que Flavio defiende al estilo del presidente argentino, sin explicar dónde hará los recortes, y le preguntó si el corte saldrá de las jubilaciones.
“En el último debate, te pregunté si ibas a tomar prestada la motosierra de Milei porque en la Argentina la pobreza llegó al 40%, la gente está comiendo carne de burro y vos decís que querés un modelo igual”, lanzó. “¿No tenés vergüenza de dejar un país quebrado?”, replicó el senador, que prometió reajustar los beneficios por encima de la inflación, defendió a Milei y culpó del declive argentino a “veinte años de gobiernos de izquierda”.
La circulación por el estudio tuvo límites, a diferencia del debate anterior. Solo el candidato con la palabra podía moverse por el escenario, mientras el rival debía permanecer en su atril. La restricción fue incluida a pedido de la campaña de Lula, y periodistas de la emisora la apodaron “regla antiburla”, después de que en el debate de Band Flavio se ubicara detrás del presidente mientras este hablaba.

“No voy a permitir que un miliciano me llame nueve dedos”, disparó Lula al comienzo del segundo bloque, en respuesta a las ironías del senador sobre el dedo que perdió en un accidente cuando era obrero metalúrgico. El presidente lo cuestionó por su voto contra la ampliación de la licencia por maternidad de las servidoras públicas de Río. Flavio dijo que se arrepintió y que cambió de opinión después de casarse. También lo acusó de haber llamado “bolsa migajas” al programa Bolsa Família en publicaciones que borró durante la campaña.
“Es una falta de respeto con el pueblo pobre”, insistió. En un derecho de respuesta, Lula dijo conocer “el mundo del trabajo” y apuntó contra las elites: “Quien tiene que pedirle disculpas a Brasil es la elite brasileña, por la masacre que hizo con el pueblo”.
El cruce más duro llegó en el bloque de seguridad, un terreno en el que Flavio suele sentirse cómodo. Mientras el senador acusaba a Lula de complacencia con las facciones criminales, el presidente recurrió a la presencia de la madre de Ana Clara, una niña de 5 años muerta en 2021 por el disparo de un policía militar al que Flavio defendió como abogado, y recordó los vínculos que le atribuye con las milicias. “La madre de Ana Clara lo sabe. La madre de Marielle Franco, que también está aquí, también lo sabe. Todo el mundo sabe quién sos”.

El endeudamiento reapareció en el cruce sobre las tasas de interés. Lula responsabilizó al Banco Central y retrucó: “¿Por qué hicieron independiente al Banco Central?”. Flavio lo reivindicó como un “legado” de su padre: “Lo hicimos para evitar que presidentes gastadores, como vos, pusieran a un político para bajar los intereses de un plumazo”. Y aseguró que, sin este mandato de Lula, la tasa hoy sería de 7%.
En las consideraciones finales, Flavio prometió aumentar el poder de compra y “devolver la soberanía” a los brasileños en materia de seguridad, y aseguró que no prometería lo que no pudiera cumplir. Pidió rezar un padre nuestro y le habló al voto vergonzante: en la urna, dijo, “somos solo nosotros dos”.
Lula pidió disculpas a los espectadores, apeló a su trayectoria como credencial y desafió a comparar los gastos de la tarjeta corporativa de su gobierno con los de Jair Bolsonaro: “Ellos gastaron 30% más”. Y cerró con un pedido de voto: “O mantenemos la democracia funcionando o vamos a tener a un miliciano gobernando este país en el Palacio del Planalto”.

Ya fuera del aire, Lula insistió. “Este ciudadano miente descaradamente. Es difícil para la sociedad mirar un debate con un ciudadano sin compromiso con la verdad. Su pasado es muy ruin, su vida como diputado, como senador, no tiene un proyecto, nada que sea bueno para este país”, dijo a la periodista Renata Lo Prete, de Globo. “Espero que el pueblo sepa qué hacer el día 25 para que no haya retrocesos en este país”.
Lula llegó a Río con otra estrategia. Asesores próximos al presidente habían planteado la necesidad de hablar más de propuestas, del futuro del país y de reconocer las dificultades que parte del pueblo brasileño todavía tiene, a diferencia del primer debate del balotaje, marcado por la tensión y los ataques personales. El cambio se vio hasta en la ropa. Lula dejó la corbata y Flavio la incorporó, en pose de “estadista”.
Antes del inicio, la novedad fue la guerra psicológica entre las campañas, que llevaron invitadas incómodas para el adversario. El equipo de Flavio llevó a Leandra Guedes, exesposa del diputado André Janones, responsable de la estrategia digital del gobierno, quien obtuvo contra él una medida de protección con base en una ley contra la violencia de género. Janones, por su parte, pasó la semana generando suspenso sobre una invitada que se sentaría en primera fila y haría “desmayar” a Flavio, en alusión al episodio en que el senador se descompuso durante un debate por la alcaldía de Río, en 2016. El misterio se develó con la llegada de Cristiane Gomes da Silva, madre de Ana Clara Gomes Machado, la niña de 5 años que murió en 2021 por el disparo de un policía militar mientras jugaba frente a su casa, en Niterói. Ya como senador, Flavio fue uno de los abogados del agente.
Carrera abierta
El debate llegó con la carrera abierta. La última encuesta de Datafolha, divulgada el jueves, mostró a Flavio con 47% de intención de voto y a Lula con 46%, un empate técnico. En votos válidos, ambos aparecen con 50%. La aprobación del gobierno, además, subió a 49% y superó a la desaprobación por primera vez en dos meses. Otras consultoras también mostraron un empate técnico, en su mayoría con Flavio todavía adelante numéricamente. En la primera vuelta, el senador obtuvo 47,03% y el presidente, 45,16%.
El sábado, ambos candidatos dedicarán el último día de campaña al Sudeste, región que reúne cerca de 40% del electorado. Flavio comenzará en Belo Horizonte y cerrará por la noche en Río de Janeiro. Lula hará por la mañana una caminata por Copacabana y luego cerrará su campaña en San Pablo.
El domingo, Flavio votará en Río y luego volverá a Brasilia, donde seguirá el escrutinio. Lula votará en San Pablo y esperará el resultado junto al comando de su campaña, donde está previsto que hable con la prensa una vez conocido el veredicto de las urnas.
Por Marcelo Silva de Sousa
Fuente Lanacion
