Ante inversores y analistas, el ministro de Economía aseguró que el ajuste fiscal es una decisión política «innegociable». Destacó que el país logró bajar la pobreza en un 25%, celebró el rendimiento récord de los activos argentinos y confirmó un aval clave del Banco Mundial por US$ 2.000 millones.
Luis Caputo aprovechó su paso por el Atlantic Council para enviar un mensaje de hierro a los mercados: el rumbo económico no tiene vuelta atrás. En una charla compartida con Santiago Bausili, el ministro de Economía afirmó que el orden macroeconómico actual es el resultado de una voluntad política que la Argentina no tuvo en décadas. Aseguró que el plan no se desviará ni un solo centímetro de su eje y que la competitividad del país ya no se buscará mediante los saltos del dólar, sino a través de la baja de impuestos y la desregulación total.
El funcionario puso el foco en el nuevo escenario político y destacó que el Congreso ahora se encuentra «más alineado» con la transformación que propone la Casa Rosada. En ese sentido, valoró la sanción de la reforma laboral y la Ley de Inocencia Fiscal como los pilares para que el sector privado vuelva a contratar y a invertir. Para Caputo, estas leyes son el motor que permitirá formalizar la economía y dejar atrás el estancamiento que marcó al país durante los últimos años del modelo anterior.
En el tramo más social de su discurso, el ministro arrojó cifras de alto impacto al asegurar que la gestión sacó de la pobreza a 12 millones de personas. Según su análisis, esto significó una reducción del 25% en los niveles de vulnerabilidad, un avance que se logró a la par de un refuerzo histórico en la asistencia social. Sostuvo que el Gobierno duplicó la ayuda estatal en términos reales, garantizando que el ajuste no golpeara a los sectores que menos tienen mientras se ordenaban las cuentas públicas.
Sobre el contexto internacional, el ministro marcó que la estabilidad interna permitió que la Argentina absorbiera el impacto de la guerra en Medio Oriente sin sobresaltos cambiarios. Señaló que el país se encuentra en una posición de privilegio global porque posee todo lo que el mundo demanda: energía, alimentos, minerales críticos e incluso un ecosistema de inteligencia artificial en expansión. Para Caputo, esta combinación de recursos y disciplina fiscal convirtió a la Argentina en una oportunidad de inversión «única en la historia».
Finalmente, Caputo cerró la puerta a cualquier retorno de las recetas del pasado y apuntó contra el legado del kirchnerismo. Dijo que la sociedad y la dirigencia política «aprendieron la lección» y que no existe margen para retomar las políticas que destruyeron el valor de la moneda. Con una cuota de máxima confianza, el ministro vaticinó que la Argentina será la economía con mejor rendimiento de los próximos 30 años, sentando las bases para un crecimiento ininterrumpido
El respaldo y la refinanciación de deuda
El espaldarazo financiero se concretó tras la reunión de Caputo con el titular del Banco Mundial, Ajay Banga. El organismo internacional confirmó que trabaja en una garantía de hasta 2.000 millones de dólares para asistir al país frente a los vencimientos de deuda de julio. Este aval se diseñó para reducir los costos de fondeo y permitir que la Argentina refinancie una porción significativa de sus compromisos sin comprometer la estabilidad fiscal conseguida.
Desde el organismo multilateral comunicaron que el objetivo de esta herramienta es facilitar un mayor flujo de inversión privada, tanto nacional como internacional. Esta garantía buscó mejorar las condiciones de crédito para el país, consolidando el programa de reformas que el ministro presentó ante el auditorio en Washington. La sintonía entre la Casa Rosada y las instituciones de crédito marcó un cambio de paradigma respecto a la relación financiera externa del país en los últimos años.
Aunque Caputo llevó la voz cantante sobre los recursos estratégicos del país, la presencia del titular del Banco Central validó el análisis sobre el desempeño récord de los activos financieros argentinos. De esta manera, el Gobierno cerró su presentación en Washington con una señal de “cohesión institucional”, apostando a que la disciplina fiscal y el apoyo de los organismos internacionales garanticen el crecimiento proyectado para las próximas décadas.
Fuente Perfil

