El fundador de Consultatio y ONE618 habló en ExpoEFI sobre el momento económico del país: elogió el rumbo de Milei, advirtió que la Argentina enfrenta sectores donde los cambios estructurales no son inmediatos y trazó las condiciones para que el círculo virtuoso se cierre
Eduardo Costantini se define, ante todo, como desarrollador. Aunque sus primeros años los dedicó por completo a las finanzas, en un momento decidió que no quería ser “una cuenta corriente” y apostó por la economía real. Esa decisión lo llevó a construir Nordelta, Puertos y una serie de proyectos en Palermo, Catalinas y Uruguay. Pero cuando habló en ExpoEFI, el fundador de Consultatio y ONE618 dejó de lado los metros cuadrados y se concentró en algo más difícil de medir: las condiciones que hacen posible —o imposible— que un país como la Argentina funcione.
Su diagnóstico de partida es el de alguien que lleva décadas operando en un entorno de reglas variables. “Tenemos que empezar de abajo como país”, dijo. Enumeró los problemas con la precisión de quien los tiene memorizados: la mayoría de los ahorros de los argentinos están afuera del sistema, una fracción enorme de la economía no paga impuestos, el tamaño del Estado es excesivo y la carga impositiva es alta.
“Desde cuando comenzó Nordelta en 1999 a hoy, los impuestos han subido”, graficó. A eso se suma un riesgo país estructuralmente elevado en comparación con la inflación internacional, que encarece cualquier proyecto, y un nivel de corrupción que no es solo un problema ético, sino un costo económico real para todos los argentinos.
En ese marco, Costantini reconoció que la Argentina tiene sectores que funcionan bien —industrias con eficiencias relativas, según sus palabras—, pero fue preciso sobre el límite de cualquier expectativa de transformación rápida: “Tenemos ineficiencias relativas: algunas como las industrias que andan muy bien, pero nos enfrentamos con otras donde las transformaciones son complejas y llevan mucho tiempo”. La frase es el corazón de su lectura del momento: el orden macroeconómico puede mejorar, pero la transmisión al tejido productivo y al bolsillo de las personas es un proceso de años.
La ecuación no cierra en el corto plazo. Y mientras no cierre, el mercado del nuevo seguirá siendo más estrecho que el del usado: las escrituras están en niveles récord, pero la demanda se concentra en propiedades existentes. El producto nuevo, con costos de construcción que no encuentran correlato en los precios de venta, solo puede sostenerse si tiene atributos que lo distingan de manera inequívoca. “El nuevo, por los costos, tiene que tener atributos muy superiores al usado. De por sí tienen mejores atributos, pero tiene que hacer algo que sea único, que lo perciba así la gente”, explicó.
El segmento que traccionó en los últimos meses es el de nivel socioeconómico muy elevado, donde el diferencial de precio puede absorber los costos. En el resto de la pirámide, el mercado se achicó, contó.
Sobre Milei, Costantini fue a la vez elogioso y cauteloso. Dijo que lo votó y que quizás lo votaría de nuevo, aunque no coincide con todas sus medidas. Pero lo que le preocupa no es el Presidente en sí, sino la fragilidad del sistema político que lo rodea.
“Si Milei se va, ¿qué viene?”, preguntó. En su lectura, la Argentina necesita un sistema que garantice gobernabilidad con independencia del nombre que ocupe el poder: que la política tenga menos protagonismo, que el país aprenda a vivir con la alternancia. El problema es que hoy la discusión sigue siendo binaria —Milei sí o Milei no— y esa polarización genera ciclos de corrección extrema que destruyen previsibilidad.
“Si el país está planteando si Milei sí o Milei no, fijémonos lo que pasó en las elecciones del año pasado, que fueron muy traumáticas, con el bajón del consumo y la desaceleración de la economía”, recordó.

La salida que propone es un círculo virtuoso que él mismo reconoce como largo: bajar el riesgo país, tener una moneda estable como política de Estado, un Banco Central independiente y equilibrio fiscal sostenido en el tiempo. “A través del tiempo la gente va perdiendo el miedo y tal vez empezamos a depositar los ahorros dentro del sistema argentino. Que haya más dólares para financiar al sector privado, que haga que el costo sea más bajo”, explicó. Es un proceso que se mide en años, no en trimestres, y que requiere consistencia política más allá de los ciclos electorales.
Para lo que resta del año, Costantini es moderadamente optimista: espera que la inflación siga bajando —“en vez de estar en tres y pico va a estar en dos y pico”—, que el BCRA continúe comprando reservas y que el buen momento del sector externo se prolongue.
Pero identifica dos frentes de riesgo para 2027: los vencimientos de deuda externa y el proceso electoral. Su deseo es que el debate político no sea binario y que la Argentina pueda volver al mercado internacional de capitales. Los proyectos de Consultatio —Palermo, Catalinas, Uruguay— son su apuesta concreta a que ese escenario es posible. La inversión, como siempre, precede a la certeza.
Por Sofía Diamante
Fuente Lanacion

