Fue futbolista del ascenso, recolector de residuos y desde Barracas Central llegó a la AFA. Los éxitos de la Selección, los frentes judiciales y los dirigentes que buscan desbancarlo.
Mucho antes de conducir la AFA y de celebrar con los campeones del mundo en Qatar, Claudio Chiqui Tapia trabajaba en la limpieza de las calles de Buenos Aires. Primero fue barrendero. Después, recolector de residuos. Su otra actividad estaba en las canchas del ascenso, donde intentaba hacerse un lugar como delantero.
Entre 1986 y 1995 fue empleado de Manliba, la empresa que prestaba servicios de recolección en la ciudad. Según las reconstrucciones publicadas cuando llegó a la presidencia de la AFA, su jornada comenzaba a las seis de la mañana y terminaba a las dos de la tarde. Barría las calles o recogía las bolsas de los vecinos junto al camión. Después llegaba el turno del fútbol en Barracas Central.
El esfuerzo de combinar ambas actividades terminó obligándolo a elegir. “El físico ya no me daba y tuve que elegir. Me quedé con el laburo”, contó en un testimonio recuperado por Infobae en 2017. La remuneración como futbolista apenas era un viático; el empleo le aseguraba el sustento.
Ese antecedente explica parte de su origen. Para entender cómo terminó gobernando el fútbol argentino, hay que seguir otro recorrido: el de los vínculos gremiales, la representación del ascenso y los acuerdos con dirigentes de los clubes más poderosos.
Entre la calle, el fútbol y el sindicato
Claudio Fabián Tapia nació el 22 de septiembre de 1967 en Concepción, San Juan. Su familia se trasladó a Buenos Aires en busca de trabajo y, después de vivir en San Telmo, se instaló en Barracas. Allí comenzó su relación con el club del barrio, donde jugó en las inferiores y llegó al primer equipo. También tuvo un paso por Dock Sud.
En aquellos años se afilió al sindicato de Camioneros. Su relación con Paola Moyano, hija del dirigente sindical Hugo Moyano, incorporó otra conexión que acompañaría su carrera. El mundo laboral, el gremial y el fútbol empezaban a cruzarse en su vida.
Ese parentesco forma parte de su historia y ayuda a comprender las relaciones que rodearon su crecimiento. Pero, por sí solo, resulta insuficiente para explicar cómo consiguió reunir los apoyos necesarios para conducir la AFA.
Tapia tendría que construir también una representación propia.
Barracas Central, la primera plataforma
En 2001 asumió la presidencia de Barracas Central. El club le dio un cargo, una responsabilidad institucional y un lugar desde el cual relacionarse con otros dirigentes.
Desde allí conoció las necesidades de un universo que suele quedar relegado en la conversación pública: instituciones con escasa exposición, presupuestos limitados y representantes que también intervienen en las decisiones del fútbol argentino.
Su trayectoria permite observar una diferencia fundamental entre la popularidad y el poder institucional. La cantidad de hinchas ayuda a dimensionar a un club, pero las decisiones de una asociación se resuelven mediante sus órganos de gobierno. Allí importan las representaciones, las alianzas y los votos.
Tapia encontró en ese terreno una posibilidad de crecimiento. La muerte de Julio Grondona, en 2014, abriría una disputa que volvió decisiva su capacidad de articulación.
El ascenso como base de poder
Durante la crisis posterior a Grondona, Tapia se consolidó como una referencia de las categorías menores. Ascenso Unido funcionó como plataforma de esa construcción.
En 2015 resignó su propia candidatura y respaldó al entonces titular de la AFA, Luis Segura. Desde la vicepresidencia segunda continuó ampliando su influencia.
Aquella decisión permite interpretar una característica de su carrera: supo aceptar posiciones intermedias para mejorar sus posibilidades futuras. Su llegada a la presidencia fue precedida por años de negociación.
El ascenso le dio una base. Para alcanzar la conducción necesitó ampliar sus acuerdos.
Angelici, Moyano y la coalición de 2017
El 29 de marzo de 2017 fue elegido presidente de la AFA con 40 votos positivos y tres en blanco. La composición de su primera conducción explica el alcance de la coalición: Daniel Angelici, de Boca, quedó como vicepresidente primero; Hugo Moyano, de Independiente, como vicepresidente segundo; y Guillermo Raed, de Mitre de Santiago del Estero, como vicepresidente tercero. Víctor Blanco, de Racing, asumió la secretaría general.
El presidente de Barracas había conseguido reunir a representantes del ascenso con dirigentes de instituciones de Primera División.
Ese origen obliga a distribuir las responsabilidades con precisión. Los clubes grandes también participaron de la construcción de su gobierno. Las decisiones de la AFA deben analizarse con los nombres de quienes las impulsaron y acompañaron, además del de su presidente.
La habilidad de Tapia consistió en convertir intereses diferentes en una mayoría capaz de llevarlo al cargo. Después tendría que administrar esa convivencia.
La Selección: del fracaso de Sampaoli al acierto con Scaloni
Los triunfos posteriores pueden hacer que el recorrido parezca más lineal de lo que fue. En 2017, Tapia eligió a Jorge Sampaoli para conducir a la Selección. El ciclo terminó después de la eliminación en el Mundial de Rusia y la salida del entrenador se acordó en julio de 2018.
Lionel Scaloni comenzó como interino. En noviembre de ese año, la AFA confirmó su continuidad hasta la Copa América de 2019. El proyecto se consolidó progresivamente: no nació con las certezas que hoy puede atribuirle la memoria de los títulos.
Elegirlo y sostenerlo constituye un mérito dirigencial. Durante su ciclo llegaron las Copas América de 2021 y 2024, la Finalissima de 2022 y el Mundial de Qatar. Esas conquistas ocupan un lugar central en el balance de la presidencia de Tapia.
Los éxitos también ampliaron su legitimidad pública. El dirigente que había llegado mediante acuerdos internos pasó a presidir la asociación de una Selección campeona del mundo.
Los futbolistas y el cuerpo técnico protagonizaron esas victorias. La conducción tomó decisiones que contribuyeron a hacerlas posibles. Reconocer ambas responsabilidades permite evaluar la gestión sin convertir cada festejo en una aprobación automática de todo lo demás.
Los torneos y la estabilidad de las reglas
La organización del fútbol local ofrece otra medida de su conducción.
En la asamblea del 17 de octubre de 2024, Tapia fue reelegido y se aprobaron modificaciones estatutarias y la anulación de los descensos de aquella temporada. Con los dos ascensos previstos, la Primera División pasó a tener 30 equipos en 2025.
La decisión permite formular un cuestionamiento concreto: eliminar durante una competencia una consecuencia deportiva prevista afecta la estabilidad de las reglas.
También expone una tensión de la gestión. Reunir el respaldo de los clubes permite tomar decisiones, pero ese consenso debe evaluarse por sus resultados. Una mayoría puede acompañar una reforma duradera o resolver una urgencia que termine trasladando los problemas a las temporadas siguientes.
La capacidad de construir acuerdos es una herramienta. La calidad de las competencias que surgen de ellos es parte de la responsabilidad del presidente.
Los frentes judiciales y los movimientos de una posible oposición
La etapa reciente de su carrera también está atravesada por la Justicia. En marzo de 2026, Tapia fue procesado sin prisión preventiva en una causa por presunta retención indebida de tributos y recursos de la seguridad social. En junio, su procesamiento quedó firme en esa instancia, después de que la Cámara declarara desierta la apelación de su defensa. Sus abogados sostuvieron que la AFA actuó amparada por disposiciones de alivio fiscal y negaron una intención delictiva. El procesamiento no constituye una condena.
En paralelo, algunos dirigentes comenzaron a coordinar propuestas que pueden alimentar una alternativa política. El 13 de octubre, los presidentes de River y Estudiantes, Stefano Di Carlo y Juan Sebastián Verón, anunciaron una mesa permanente de trabajo para mejorar el fútbol argentino. El acercamiento tuvo una lectura política, aunque el anuncio no presentó una candidatura ni formalizó un frente electoral.
La reacción de Daniel Ferreiro, dirigente de Nueva Chicago y aliado de la conducción, dejó a la vista la tensión: defendió públicamente a Tapia y Toviggino y cuestionó el encuentro.
Para quienes buscan discutir el rumbo de la AFA, el desafío consiste en transformar las coincidencias en una propuesta y reunir los apoyos necesarios para sostenerla. Tapia conoce ese camino: fue el que recorrió para llegar.
Del origen a la responsabilidad
La historia del trabajador que recogía residuos y terminó conduciendo el fútbol argentino tiene fuerza propia. Ayuda a entender de dónde viene Tapia y el mundo en el que comenzó a relacionarse.
Después aparecen las decisiones: representar al ascenso, respaldar a Segura, acordar con dirigentes de Primera y sostener a Scaloni. También las reglas que cambió, los cuestionamientos judiciales y las voces que intentan organizar una alternativa.
Su origen merece ser contado. Su gestión debe ser evaluada por lo que hizo con el poder que construyó.
Porque reunir una mayoría es una destreza política. Darle al fútbol argentino una organización estable, competitiva y confiable es la responsabilidad del cargo.
Fuente Mdzol
