El Gobierno lo formalizó en medio de la guerra en Medio Oriente. Los ojos puestos en cooperación en inteligencia y medidas punitivas económicas.
Mientras los gestos son —ni más ni menos— gestos, las acciones representan medidas concretas. La relación bilateral entre la Argentina y Estados Unidos parece haber dejado atrás el primer estadio para entrar de lleno al segundo, en donde Washington desea ver decisiones reales en cuanto al posicionamiento y alineamiento de sus aliados para con las políticas de Donald Trump.
Es en este contexto que se enmarcó la decisión del Gobierno nacional de incorporar al Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET) al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), el poderoso cuerpo militar que responde directamente al líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, y hoy controla gran parte de los hilos del país.
A través de un comunicado oficial, la Oficina del Presidente sostuvo que el país “fue víctima de dos de los atentados terroristas más graves de la historia”, en referencia a los ataques contra la Embajada de Israel en 1992 y la AMIA en 1994, que dejaron más de 100 muertos y cientos de heridos.
En ese sentido, el Gobierno afirmó que “las investigaciones judiciales y los trabajos de inteligencia determinaron que ambos ataques fueron planificados, financiados y ejecutados con participación directa de altos funcionarios del régimen iraní y de operativos de la Guardia Revolucionaria”.
La medida implica la incorporación del CGRI al Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET), lo que habilita la aplicación de sanciones y restricciones. Según se explicó, esto permitirá “limitar su capacidad de acción en el país” y “proteger al sistema financiero argentino de ser utilizado con fines ilícitos”.
Además, el presidente Javier Milei planteó que la decisión busca “saldar una deuda histórica de más de 30 años con los familiares de las víctimas” y reafirmó su postura en materia de política internacional. “Este Gobierno está decidido a que la República Argentina vuelva a alinearse a la civilización occidental”, señala el texto.
La decisión cuenta con una coordinación del Ministerio de Seguridad junto con la Cancillería argentina, aunque no se podría haber impulsado sin la decisión política que baja desde Casa Rosada sobre cada movimiento que acerque a la Argentina a la posición internacional de la Casa Blanca.
Tras el inicio de la guerra y la muerte de su antiguo líder, al frente de la Guardia Revolucionaria hoy está Ahmad Vahidi, acusado por la Justicia argentina de haber sido el ideólogo y autor intelectual del atentado a la AMIA en 1994. La decisión de incorporarlos al listado de grupos terroristas también representa un guiño para el otro aliado internacional de Milei, Israel.

Estados Unidos considera al CGRI como un grupo terrorista desde 2019, lo que le permite embargar cuentas, anular visas a distintas personas consideradas como miembro de la asociación o aumentar la cooperación en inteligencia con otros países. Lo mismo busca hacer la Argentina con esta decisión, sobre todo este último punto.
Como referencia, Paraguay ya había hecho lo mismo en abril del año pasado, lo que le valió el reclamo y la condena por parte de Irán. Santiago Peña es otro de los presidentes de la región que más cerca de Trump busca estar. Es otro de los que forma parte, por ejemplo, del Board of Peace. La Unión Europea ya lo había incorporado a su listado en 2006.
El rol de la Guardia Revolucionaria
Pese a que Estados Unidos golpeó fuertemente la infraestructura militar y mató a oficiales de alto rango de las fuerzas iraníes, la Guardia Revolucionaria ha mostrado capacidad para seguir operando, fortaleciendo su control dentro del territorio.
“La Guardia Revolucionaria está tomando el control en Irán”, titulaba hace una semana uno de los principales artículos publicados por la revista británica The Economist. Allí se enumera que, al menos, 190.000 paramilitares componen la fuerza en la actualidad y que han penetrado en las áreas de mayor influencia dentro de la estructura política de los ayatollah.
Este grupo fue creado al comienzo de la Revolución Islámica en 1979 para preservar la integridad del líder supremo y siempre han funcionado de manera independiente y paralela al ejército convencional de Irán. Para muchos analistas, es la fuerza que logró sostener este modelo a lo largo de los años.
Desde allí han salido los principales vínculos con los denominados grupos “proxys” iraníes, esas pequeñas sedes que Teherán proveyó de armas y financiamiento para mantener su influencia en toda la región. Entre ellos se pueden ubicar al Hezbollah, grupos shiitas en Siria o los Hutíes en Yemen, entre otros.
Dentro del CGRI se ubican las Fuerzas Quds, el brazo armado iraní que opera directamente en el exterior y que ya habían sido incluidas en el listado de grupos terroristas por parte de la Argentina en enero de este año, acusadas de estar también detrás del atentado a la mutual judía en los 90’.
Fuente TN

