Nueva era. Alemania replantea sus políticas ante el huracán Trump

Nueva era. Alemania replantea sus políticas ante el huracán Trump

El retiro del respaldo del presidente de EE.UU. a la OTAN y su sistema arancelario implican un complejo desafío para Berlín, que además enfrenta el problema migratorio

BERLIN Y MUNICH.- Pocas cosas ilustran tanto el siglo XX como la historia de Alemania. Dos guerras, dos derrotas, la división del país y la Guerra Fría. Allí donde el muro separaba dos mundos, en pleno corazón de Berlín, las fuerzas de Estados Unidos y de la Unión Soviética estaban a tiro de cañón. En el resto del globo todo eran amenazas veladas, espionaje y una carrera de celos y armamento.

Cuando el muro se convirtió en escombros, el orden mundial cambió para siempre. Aquel país destrozado por la guerra que soportó una auditoría constante de los vencedores ya era una potencia. Anexó medio país que estaba del otro lado de la la llamada Cortina de Hierro y de la mano de fuertes liderazgos políticos se convirtió en el indiscutible líder la Unión Europea (UE).

Hace un año, su economía superó a la de Japón y se convirtió en la tercera más grande del mundo, detrás de China y Estados Unidos.

No se trata de explicar los motivos de ese ascenso, sino apenas poner sobre la mesa las conversaciones y debates más relevantes de la Alemania actual. Varios pilares de aquella maqueta de la posguerra han caído y muchas banderas que se izaron durante décadas se preparan para bajar y reposar por un tiempo en algún cajón nostálgico.

El primero, quizá el más impactante, es la crisis de la alianza transatlántica, aquella relación cercana que lleva 80 años y que dejó a Alemania del mismo lado que Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. Ese esquema de contrapesos fue determinante para el desarrollo de Europa. “Creo que el errático actuar de Donald Trump ha puesto en cuestión el carácter de aliado estratégico geopolítico de los Estados Unidos. Esto es un cambio grave, porque es la primera vez en décadas que esta alianza, más allá de los vaivenes de distintos gobiernos, se ve desafiada de esta manera. Es posible que la UE llegue a la conclusión de que es necesaria una acción mucho más autónoma y conjunta de los países europeos”, decía Sebastian Grundberger, exdirector del Programa Regional Partidos Políticos y Democracia en América Latina de la Fundación Konrad Adenauer (KAS), hoy con funciones en la organización en Berlín.

Semejante hecho disruptivo tiene consecuencias de todo tipo. La principal, claro, es la necesidad de que Europa se vuelva a armar. “Hay alguna posibilidad de que se vuelva a implantar el servicio militar obligatorio. En principio, quizá con algún sistema de trabajo social. Pero es necesario sumar soldados al ejército. El promedio de edad es de 35 años”, dice Ferdinand Gerhinger, responsable de ciberseguridad de la fundación Konrad Adenauer, con quien este diario dialogó durante un viaje de estudios.

El regreso al camino armamentista de Alemania se ha convertido en un asunto que ya no solo se trata en las mesas políticas, sino en cada uno de los rincones del país. Desde el 7 de mayo de 1945, cuando se firmó la rendición incondicional por representantes militares alemanes y los comandantes aliados, incluyendo a los soviéticos, estadounidenses, británicos y franceses, se estableció la ocupación de Alemania por las fuerzas aliadas.

Desde entonces, el país enfrentó severas restricciones en la producción y compra de armamento debido a los acuerdos de rendición y los planes de ocupación de las potencias aliadas. Alemania fue desmilitarizada en un esfuerzo por eliminar su capacidad para volver a iniciar conflictos. Esto incluyó la disolución del ejército alemán y la prohibición de la producción de armas. A medida que Europa comenzó a estabilizarse a fines de la década de 1940, especialmente con el inicio de la Guerra Fría, se permitió a Alemania Occidental comenzar a rearmarse, culminando en la creación del Bundeswehr, el ejército de Alemania Occidental, en 1955. Este proceso se llevó a cabo dentro del marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y bajo el control de los aliados.

Con el tiempo, las restricciones cedieron, la industria armamentista volvió, pero Alemania jamás retomó aquel camino ya que confiaba en la OTAN y, sobre todo, en el comando de Estados Unidos para cualquier operación militar o ataque exterior a un miembro de la Alianza. Ese esquema es el que terminó. El presidente norteamericano, Donald Trump, ya avisó que no será él quien defienda a Europa.

El impacto fue enorme. El primer ministro polaco, Donald Tusk, puso en marcha un plan para dar formación militar a todos los hombres del país. “Intentaremos tener listo un modelo a finales de este año para que cada varón adulto de Polonia esté entrenado en caso de guerra, para que esta reserva sea comparable y adecuada a las amenazas potenciales”, dijo en un discurso ante el parlamento. El objetivo es aumentar el tamaño del ejército polaco, incluidos los reservistas, para pasar de los 200.000 efectivos actuales a 500.000.

Alemania mira a su ahora aliado, Polonia, y considera que ese debería ser el camino: formación militar obligatoria y aumento de efectivos. Se trata de responder a una amenaza que consideran irremediable: Vladimir Putin, el presidente de Rusia. En Europa anticipan algún ataque a otro país, después de Ucrania. “Los Balcanes, va a atacar los Balcanes”, dice Noah, un joven de 28 años que atiende un bar en Berlín y que fue consultado por este cronista sobre si estaba al tanto de que en las mesas políticas se hablaba de armarse por la amenaza rusa.

El tema, claro, conmueve a toda la UE, pero tiene un impacto distinto en Alemania por su liderazgo en el bloque. Sin embargo, el asunto se encuadra en los propios desafíos que enfrenta el país que en pocos días tendrá un nuevo canciller, esta vez surgido de la CDU, la Unión Cristiano Demócrata, “un partido político de Alemania, de cuyas filas han salido cancilleres como Helmut Kohl, Konrad Adenauer o Angela Merkel”, define la Deutsche Welle, la señal de televisión estatal para el exterior. De ese partido será el próximo número uno de Alemania, Friedrich Merz.

“Hay tres pilares sobre los que funcionó Alemania que se terminaron. La época de la energía barata de Rusia, la defensa de Estados Unidos y el comercio con China. Todo ha llegado a su fin. La guerra de Ucrania y las negociaciones de Putin y Trump han tenido un fuerte impacto en Alemania y han puesto en crisis el esquema de seguridad de Europa”, dice Gerhinger, de la KAS.

«A la dependencia del gas ruso se suma la enorme competencia que tienen los productos alemanes en todo el planeta»

A los desafíos de la defensa del bloque, y de su país, se suma la cuestión económica. Alemania ha tenido dos últimos años olvidables. En 2023, el producto bruto interno se redujo un 0,3% y 2024 cerró con una caída de 0,2%. Este proceso recesivo, que no se veía desde la posguerra en 1950, es uno de los principales problemas que deberá afrontar la próxima administración.

A la dependencia del gas ruso se suma la enorme competencia que tienen los productos alemanes en todo el planeta. Los autos chinos empiezan a desplazar a los germanos en varios países, incluso dentro del propio gigante asiático. A semejante panorama se sumó, en las últimas horas, la decisión de Trump de imponer aranceles a todos los productos importados que ingresan Estados Unidos. A Alemania, dentro del bloque de Europa, le tocó el 20%. Caerá también en EE.UU. la demanda de vehículos fabricados en las plantas germanas.

La CDU, que ganó las elecciones hace alrededor de un mes con 28% de los votos y que se apresta a formar un gobierno de coalición, negoció con la administración actual del canciller Olaf Scholz, del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), la aprobación de un paquete de medidas extraordinario. Esa alianza, que invertirá las fuerzas en el nuevo gobierno, logró en marzo una reforma constitucional que permitirá un histórico aumento del gasto en defensa para rearmar el país y para inyectar dinero en la economía.

«Uno de los temas más determinantes de los que se habla en las calles de Berlín o Munich es la inmigración»

Con 517 votos a favor y 207 en contra de un total de 720 votos emitidos –más de los dos tercios de apoyo que necesitaba la reforma–, la alianza entre conservadores, socialdemócratas y ecologistas sacó adelante modificaciones de la Ley Fundamental que incluyen la exclusión del límite de endeudamiento. Se habla de que paquete de deuda que podrá tomar el gobierno alemán llegue a 1,2 billones de euros. “Desde ayer debo 6000 euros más. Y todo para que haya gasto y gasto, como el que se va con los asilados”, dijo, resignado, Werner, un jubilado alemán que aún trabaja y que decodificó, como muchos ciudadanos, de una manera simple esa autorización para tomar deuda.

Agentes de policía alemana montan guardia en la frontera entre Alemania y Francia en Kehl, Alemania
Agentes de policía alemana montan guardia en la frontera entre Alemania y Francia en Kehl, AlemaniaMichael Probst – AP

La frase, además, introduce uno de los temas más determinantes de los que se habla en las calles de Berlín o Munich: la inmigración. El malestar con la política de Angela Merkel de ser la puerta de ingreso a Europa de millones de refugiados políticos ha sedimentado y en ese punto encuentran la explicación del enorme crecimiento de la ultraderecha, el partido Alternativa para Alemania (AFD, por sus siglas en alemán), que en las elecciones de febrero se llevó el 20,8% de los votos.

En un discurso en la KAS, Hans-Eckhard Sommer, director de la Oficina Federal de Inmigración y Refugiados (BAMF) se pronunció a favor de abolir el actual derecho individual al asilo. En el futuro, Alemania solo debería aceptar refugiados en el marco de programas humanitarios controlados.

Hoy el régimen establece que cada familia monoparental reciben 502 euros al mes, mientras que las parejas, 902. A eso se suma que los menores de 18 años cobran entre 318 y 420 euros al mes, además de que el fisco alemán paga gastos de alquiler (30 euros por día) y calefacción. De acuerdo con el Registro Central de Extranjeros, en el primer semestre de 2024 vivían en Alemania 3,48 millones de refugiados, entendidos como personas que han buscado protección por motivos humanitarios.Esos beneficios, que en cada vez más lugares los llaman privilegios, se colaron en la agenda del nuevo gobierno que asumirá en días.

Formación militar, miles de millones de de euros en armamento, problemas con el gas y la economía y malestar con el sistema de inmigración y asilo. Un combo difícil para la “locomotora” de la Unión Europea.

Por Diego Cabot

Fuente Lanacion